
De todo lo que una empresa regala en diciembre, la agenda y el calendario son los únicos objetos que el destinatario mira todos los días del año siguiente. Una botella se usa a ratos; una libreta se acaba. Un calendario de sobremesa se queda en la mesa doce meses, con tu logo delante, mientras esa persona atiende llamadas y toma decisiones.
Por eso siguen funcionando. Y por eso conviene elegirlos con algo más de criterio que «el que salga más barato».

Es la opción que más nos piden desde que la incorporamos, y tiene sentido. Un calendario perpetuo no lleva el año impreso: se ajusta a mano y sirve para 2027, 2028 y los que vengan. Eso cambia dos cosas.
La primera es ambiental y es evidente: no acaba en la papelera cada diciembre. La segunda es de marca, y se pasa por alto más de lo que debería: tu logo no tiene fecha de caducidad. El calendario del año pasado se tira; el perpetuo se queda.

El de anillas con cuerpo triangular es el formato de toda la vida, y funciona porque es el que la gente deja puesto. Superficie amplia para el logotipo, cartón reciclado, y un precio que permite hacer tiradas grandes sin que se dispare el presupuesto.
Un consejo práctico: el diseño manda más que el producto. Un calendario de sobremesa bien resuelto —con una imagen buena por mes, o con las fechas señaladas del sector de tu cliente— se queda en la mesa. Uno con el logo grande y poco más acaba en un cajón en febrero.

El Calendario Krily está impreso en papel de semillas: cuando acaba el año, se planta y germina. Trece hojas, desde 1,33 €/ud.
Es el detalle que la gente fotografía y comenta, y el que mejor encaja si tu empresa tiene un discurso ambiental que sostener. No es el más barato por unidad, pero es el que más conversación genera por euro invertido. Si tienes que elegir un solo obsequio para clientes seleccionados, este compite bien.

La agenda es un regalo más personal y más caro, así que funciona mejor en cantidades cortas y para destinatarios concretos: equipo directivo, clientes clave, ponentes de un evento.
El material dice mucho. Una agenda de corcho natural o de cuero reciclado con grabado láser transmite algo distinto a una de PU con el logo serigrafiado, y la diferencia de coste es menor de lo que la gente imagina. Si vas a regalar cincuenta agendas, sube el material antes que la cantidad.
Sobre el formato: A5 es el estándar y el que más se usa; B5 —como la Agenda Bultman— luce más sobre la mesa pero se lleva peor en la mochila. Y si dudas entre cerrada con elástico o con cierre magnético, la segunda envejece mejor.
Aquí está el error que se repite cada año: se decide en diciembre.
Entre octubre y noviembre, los plazos son cómodos y hay stock de todo. En diciembre, la demanda de todo el sector se concentra en tres semanas, los tiempos de producción se estiran y las opciones se reducen a lo que quede disponible. No es que no llegue: es que eliges entre menos.
Nuestra recomendación es cerrar cantidades y logotipo antes del 15 de noviembre si quieres entregarlo en la comida de Navidad, y antes del 1 de diciembre si vas a repartirlo en enero como detalle de año nuevo.
En bambú y corcho, el grabado láser: queda elegante, no se despinta y dura lo que dure el producto. En cartón y papel, serigrafía o impresión a todo color, según si tu logo es plano o lleva degradados. En cubiertas de PU, la serigrafía da color y el termograbado da un acabado más sobrio.
En cada ficha de producto verás las técnicas disponibles con su precio al momento, para que puedas comparar sin pedir presupuesto.
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